Interesante artículo que acaba de salir en la Coalición por el Evangelio
En nuestros días nos encontramos una y otra vez con un cristianismo que insiste en resaltar las capacidades del hombre al punto de convertirlo en casi una deidad. Para el efecto, la iglesia ha malinterpretado el hecho de que el hombre fue creado "a semejanza de Dios", y a partir de ahí ha enseñado que el hombre, en cierta medida, puede hacer lo que Dios hace.
En ese sentido, una de las enseñanzas que está muy arraigada en los círculos cristianos es que los creyentes también podemos declarar y mandar con autoridad, así como Dios lo hace. Mejor dicho, que nuestras palabras tienen tanto poder, como las palabras de Dios. Dicha autoridad, dicen, incluye un poder que los creyentes tenemos para "atar al diablo y a los demonios". La justificación bíblica para esta práctica es tomada de dos textos del libro de Mateo, y en ambos casos Jesús les está enseñando a sus discípulos algunas aspectos de la autoridad que la iglesia tendría en su misión en la tierra.